Las protestas contra el golpe de Estado en Myanmar vuelven.

Las protestas contra el golpe de Estado en Myanmar vuelven a las calles, a pesar de los disparos y los cañones de agua
Crece el temor a la represión, dado el historial de violencia mortal de los militares contra las manifestaciones prodemocráticas
Los manifestantes de Myanmar salieron el miércoles a la calle por quinto día consecutivo para oponerse al golpe militar de la semana pasada, a pesar de la intensificación del uso de la fuerza por parte de las autoridades.

Un día antes, la policía disparó para dispersar a los manifestantes y utilizó balas de goma y cañones de agua, causando heridos y haciendo temer una represión más dura. Las Naciones Unidas expresaron su gran preocupación por la actuación policial del martes, diciendo que el uso de una fuerza desproporcionada era inaceptable, y Estados Unidos condenó la violencia contra los manifestantes.

Decenas de miles de personas han participado en concentraciones callejeras y marchas contra la toma de posesión del 1 de febrero. El golpe puso fin a un cambio democrático en el país que comenzó hace una década y devolvió bruscamente a Myanmar a las manos de los militares, que lo han gobernado durante gran parte de las últimas siete décadas desde la independencia del dominio colonial británico. En los últimos años de dominio del ejército, las fuerzas de seguridad recurrieron a las detenciones, las porras, las milicias y las armas para sofocar los levantamientos prodemocráticos.

Los manifestantes exigen que los militares liberen a la popularísima líder civil Aung San Suu Kyi, a la que detuvieron cuando su gobierno fue depuesto, y le devuelvan el poder. En un discurso pronunciado el lunes por la noche, el líder del golpe, el jefe militar Min Aung Hlaing, prometió construir un “sistema democrático genuino y disciplinado”. Dijo que se celebrarían nuevas elecciones, aunque se desconocen los términos de las mismas.

Desde el lunes han aumentado los indicios de que las autoridades podrían utilizar una mayor fuerza para reprimir las protestas. Cuando las manifestaciones se multiplicaron en pueblos y ciudades de todo Myanmar, apareció un mensaje ominoso en la televisión estatal, en el que se decía que se tomarían medidas contra quienes perturbaran la estabilidad del país y que no se debía tolerar a los infractores de la ley. Más tarde, las autoridades prohibieron de hecho las protestas en algunas partes de las dos mayores ciudades del país, Yangon y Mandalay.

Sin embargo, la gente volvió a las calles el martes. En Yangon, desafiando las restricciones a las concentraciones, se situaron frente a la policía y los soldados, gritando consignas.

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